
El hombre fabricaba sus herramientas primitivas fragmentando una piedra al golpearla con otra para obtener una herramienta lítica cortante simple o unifaz. Luego fue capaz de darle la vuelta a esa herramienta para hacer un segundo tajo, simétrico al anterior y crear así una herramienta más sofisticada o bifaz. Desde entonces, el hombre ha comprendido que la simetría puede ser útil.
La construcción de templos y obras monumentales como las pirámides Mayas o las del antiguo Egipto son un buen ejemplo de celebración de la simetría. Independientemente de su función (ritual, astronómica o funeraria), la perfecta proporción de esos conjuntos marca la huella del arquitecto humano como si pretendiera distinguir su propia obra de la de su madre naturaleza.
La Simetría creada por el hombre parece querer imponer su orden en un mundo asimétrico. Las carreteras y autopistas, que induce orden en la circulación, cuadrículas simétricas de calles y manzanas, edificios, etc. todo hace suponer que el hombre está siempre observando el reflejo en un espejo. Sin embargo, la simetría no es exclusivamente creación humana. La simetría radial de la estrella de mar o la flor, los ordenados gajos de cualquier naranja, el caprichoso eje cuaternario del trébol de cuatro hojas o el orden de crecimiento de árboles y tallos, son ejemplos de cómo la naturaleza también es simétrica.

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