Un Wawa Wasi prendió una luz en la oscuridad Por: María Julia Tagle Facho

Cierre los ojos por un momento e intente desplazarse por la habitación. ¿Lo hizo?, ¿cómo se sintió?, ¿cómo sería su vida si esta situación fuera permanente? Probablemente habrá imaginado un listado de cosas que no podría hacer al no poder ver y es poco probable que se haya puesto a pensar en todo lo que una persona invidente puede hacer.
Alexis, un niño que lo único que no puede hacer es ver
Alexis tenía 9 meses cuando llegó al Wawa Wasi Rayito de Luz en la región San Martín. La madre cuidadora lo recibió con afecto y calidez como a todos los niños y niñas del wawa wasi. En la segunda semana lo evaluó a través del panel interactivo (instrumento de evaluación permanente que se aplica mensualmente).
En la evaluación observó con preocupación que el niño no cumplía con varios indicadores esperados para su edad. En coordinación con la madre guía, intuitivamente sometieron a Alexis a sencillas pruebas: le ponían objetos vistosos frente a su vista y hasta la luz de la linterna sin obtener resultados. Alexis no miraba el objeto ni la luz, mucho menos los seguía con la mirada. Era un hecho, Alexis no veía y se lo comentaron a su madre, quien se resistió a aceptar tal realidad y desde ese momento dejó de llevarlo al wawa wasi.
Al cabo de un tiempo la madre nuevamente lo llevó y aceptó evaluarlo en el hospital donde finalmente confirmaron la discapacidad de su hijo: ceguera. Después de confirmar la discapacidad de Alexis, la madre cuidadora y la madre guía comenzaron a trabajar para atenderlo de la mejor manera. La madre cuidadora, sin descuidar al grupo, brindaba una mayor atención al niño, quien al año y dos meses empezó a caminar con cierta ayuda. Durante la alimentación y los juegos tranquilos, la madre lo sentaba a su lado para ayudarlo en lo que fuera necesario. Actualmente Alexis tiene 2 años y 7 meses, cada quincena cuando llega la coordinadora automáticamente reconoce su voz y le dice: “¡hola, Anita!”.
Alexis ya no se sienta al lado de la madre cuidadora, come solo, juega con sus amigos, se desplaza por todo el wawa wasi caminando de costado para verificar que no haya ningún obstáculo en el piso, canta alegremente, ríe a carcajadas y hace muchas cosas más; lo único que no puede hacer es mirar.
Alexis tuvo la oportunidad de asistir a un wawa wasi con personas que actuaron desde un enfoque inclusivo donde no sólo pudieron identificar su discapacidad, sino que diariamente y sin sobreprotegerlo, lo acompañan e incentivan a descubrir todas las cosas que puede hacer.
En este caso, la actitud de la madre cuidadora fue fundamental, brindó una mirada de respeto y valoración hacia las potencialidades de Alexis, enfocándose básicamente en todas las capacidades que podía desarrollar en el niño, más allá de la frustración de saber que no podía ver. Sumado al acompañamiento y soporte que recibió la familia de Alexis, de no sentirse solos y desprotegidos, en un ambiente que le brindó la posibilidad de una detección oportuna y una atención adecuada a las necesidades del niño y la familia, sin discriminación, en un contexto de inclusión social y oportunidades de desarrollo.
Lima, 26 de junio de 2012.
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