Urgencia máxima: Educación y Ética
Por Néder Hidalgo Sánchez *
He leído a Bernardo Kliksberg, economista y sociólogo argentino, autor de un excelente trabajo: Másética más desarrollo (el título original es así, no se preocupe en separar más de ética). En este buen trabajo y que deberían leerlo todos, absolutamente todos, encuentro datos importantes. Noruega es uno de los líderes mundiales en transparencia: allí la corrupción es casi inexistente. Sin embargo, la legislación anticorrupción es reducida. La causa se halla en los valores sociales predominantes. Un corrupto sería duramente excluido por su familia, los vecinos, los círculos sociales. Finlandia tiene la tasa de presos más baja de Europa y, al mismo tiempo, el menor número de policías per cápita del continente. La prevención de la criminalidad se halla en la cultura de valores desde los primeros niveles de educación, en el acceso a oportunidades y en el sistema de “prisiones abiertas”, que efectivamente rehabilita. Suecia casi ha erradicado la discriminación de género. La opinión pública que considera la igualdad de género un punto de principio presiona continuamente por más avances. Canadá tiene uno de los sistemas de salud de mejor calidad del planeta y totalmente inclusivo. La población no aceptaría nada distinto: considera el acceso a una salud de buena calidad un derecho intocable (subrayo y negreo a ver si nos fijamos bien en esto), que debe ser priorizado siempre. Holanda, como los países nórdicos, Canadá y otros Estados líderes en lo económico-social, tiene altos niveles de equidad en la distribución de ingreso y acceso universal a educación y salud.
En las culturas de todos estos países predomina una actitud de rechazo a las grandes desigualdades y de apoyo a la equidad y a la igualdad de oportunidades, y si se ha fijado bien, en todos estos países el tema fundamental es el tema de los valores. Ello es lo que se pretende ahora desde el Ministerio de Educación con la implementación de las Redes Educativas Rurales para la construcción de las Escuelas Marca Perú.
La raíz del éxito de estos países, está sin duda, en el capital social, nuevo hallazgo de las ciencias del desarrollo, el capital social que nosotros los peruanos debemos ir formando desde una nueva escuela. Ese capital social detectado en los estudios pioneros de Putnam (1994), abarca por lo menos cuatro dimensiones: 1) los valores éticos dominantes en una sociedad, 2) su capacidad de asociatividad, 3) el grado de confianza entre sus miembros y 4) la conciencia. Los resultados de las mediciones econométricas son concluyentes. Cuanto más capital social, más crecimiento económico a largo plazo, menor criminalidad, más salud pública, mejor educación, y más gobernabilidad democrática.
El Premio Nobel de Economía Amartya Sen subraya (1997): “los valores éticos de los empresarios y los profesionales de un país, formados adecuadamente, (y otros actores sociales clave) son partes de sus recursos productivos”. Si son a favor de la inversión, la honestidad, el progreso tecnológico, la inclusión social, serán verdaderos activos; si, en cambio, predomina la ganancia rápida y fácil, la corrupción, la falta de escrúpulos, bloquearán el avance. La idea ha sido acogida hoy por los principales organismos internacionales. El Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y las Naciones Unidas, entre otros, han creado áreas dedicadas a impulsar el capital social, ese que debemos formar desde la nueva escuela que hoy nos desvela.
Pero sobre todo, considero que se debe combatir la corrupción, porque el corrupto (de los que hemos tenido y que espero no queden más) no sólo daña por lo que roba a la sociedad, sino por el mensaje que transmite; todo para mí, no me interesan los demás, no tengo problemas de conciencia, lo único importante es enriquecerse. Creo que es hora de responder definitivamente a ese mensaje, reivindicando los valores raigables de nuestra cultura: la laboriosidad, la honradez, el respeto a todos, estos valores han sido y en algunos casos vienen siendo en el Perú, degradados, de modo que es hora de recuperarlos para la toma de decisiones cotidianas, son los únicos que pueden garantizar un Perú, una región y una América Latina soñada. La educación en general puede jugar un papel esencial a través de sus integrantes, sobre todo los maestros, los especialistas, directores, funcionarios de alto nivel, asesores y todos.
La urgencia es máxima. Existe demasiado agobio, la sed de ética y valores debe aumentar. No vaya a ser que, como escribía un periodista americano, ocurra con todos lo que ocurre con los corruptos, ellos sí conocen “los Diez Mandamientos”, lo que pasa es que sólo los toman como simples “diez sugerencias”, por ello les importa un bledo. Por lo mismo el lema de “cambiemos la educación, cambiemos todos” cae como anillo al dedo ahora en que se plantea un verdadero cambio en la educación.
*Néder Hidalgo Sánchez, es especialista de la Dirección General de Educación Intercultural Bilingüe y Rural (DIGEIBIR) del Ministerio de Educación.
Lima, 11 de julio de 2012.
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